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Nace en Valencia en 1944 de madre cántabra , padre extremeño y tercero de una numerosa familia de catorce hermanos.
Como sacado de la novela de Jean Cocteau: " Les enfants terribles ", ya desde muy niño mostraba un temperamento inquieto y rebelde, además de grandes dosis de imaginación y habilidad. Encontraba soluciones para casi todo. Esto le valió el calificativo de: " EL GRAN FERMÍN " que , a sus seis años, le otorgó Don Laureano García Pablos, entonces párroco de la iglesia de San Esteban en Plasencia, Caceres, donde Fermín ya ejercía de monaguillo.
De colegio en colegio pasa por el seminario de los P.P. Agustinos del Escorial donde estudia poco, pero inicia sus primeras obras de arte apenas sin medios ni materiales. Su vocación por el arte se va encendiendo al mismo tiempo que la religiosa se apaga.
Abandona el seminario y se incorpora como voluntario en la Marina de Guerra Española en 1961. Su paso por: San Fernando, Ferrol, Buque Escuela Galathea, Soller, Escuela de Armas Submarinas, marcó profundamente a Fermín De Bedoya hasta el punto de seguir teniendo intacta su vocación marinera.
Deja la marina y se adentra en el campo de la medicina, en Madrid, siempre de la mano del arte que formaba ya parte de su vida. Esta nueva actividad la aparca y se lanza a la conquista de la ciudad de la luz: PARIS donde la pintura, los amores y la bohemia amenizaran su vida, compartiéndolo, también, con : Niza, Saint Tropez, Cannes, etc. Donde subsistía de sus pinturas y esculturas.
El insaciable artista aventurero vuelve a España y en Marbella entra en contacto con el artista VICENTE DE ESPONA ,hoy fallecido. Al lado de Espona, Bedoya va a consolidar su vocación convirtiéndola en profesión .
Años despues se traslada a Madrid donde junto al gran pintor FERNANDO JIMÉNEZ crean la sociedad : " GIMBEDART " que fue una buena y exitosa experiencia.
En 1989 descubre el pirineo aragones. AINSA sería su destino. Naturaleza y paz estan a su alcance. Desde aquí sus manos no paran de materializar ese arte que tanto le caracteriza.
Todo este peregrinar ha hecho de él un artista total, tocando todos los géneros de las bellas artes. Al más puro estilo " empírico " la obra de FERMÍN DE BEDOYA, tan completa, significativa y laboriosa es un reflejo de sí mismo, sin contaminar, y busca su real mundo expresivo: SU LIBERACIÓN.
Sus esculturas son expresiones del alma, con una carga humana que se manifiesta al desnudo. Con gran sutileza, abarca la grandeza y la miseria del ser humano, pasando por los sentimientos más arraigados.
Estamos ante un artista consumado que ama lo real, lo abstracto y sus própias fantasías. Su gran oficio e imaginación le permiten utilizar gran diversidad de materiales, perfectamente amalgamados. Todo esto se vé enriquecido por su " GENIO " y una gran labor de investigación.

Julián González (Crítico de arte)